Como un bonsái, lo verdaderamente valioso no se mide por lo visible, sino por las raíces profundas que lo sostienen. Así también crece lo que siento por ti: firme, paciente y lleno de intención.
Aunque la distancia marque kilómetros, no puede marcar lo que llevamos en el corazón. Seguimos conectados, presentes en los pensamientos del otro, creciendo juntos aun en silencio.